PASCUAL CUCALA 005



1873

Día 23 marzo 73. Me dirigí al pueblo de Benicarló y me viene la columna de Vinaroz. Emprendimos el fuego a las nueve del día; y el fuego duró una hora. El enemigo tuvo una baja y se retiró al pueblo de Benicarló; de allí nos retiramos a la masía de Aysodi, término de Cervera. A la una del día emprendimos el fuego con otra columna de Guardias Civiles, y el fuego duró hasta la noche. El Jefe era Villacampa.

Día 25.73. Emprendí el fuego con una columna de tropa de línea en Alcalá de Chivert y le hice ( )tres prisioneros y era la guarnición de allí.

Día veintinueve de marzo. Salí de Vistabella en dirección a Culla y, en el momento que concluíamos de comer, llegó una columna de Infantería y carabineros de trescientos hombres. Principiamos el fuego a las dos de la tarde y se concluyó al anochecer. Tan cerca nos tirábamos, que de los unos a los otros no había más que unos 20 pasos, y se concluyeron a ambas partes las municiones. Y entonces los carlistas se subieron encima de las paredes a diez o doce pasos de la tropa para que rindiesen las armas y muchos soldados ya rendían las armas. Algunos de ellos no querían y el oficial tampoco quería. Y no teniendo nosotros entre todos más que unas veinte bayonetas, me obligó a retirarme. El enemigo tuvo seis bajas y ocho heridos y a un Jefe lo llevaron en una parihuela a enterrarlo a Morella y yo tuve siete muertos y siete heridos.

Día tres de abril. Emprendí la marcha al pueblo de Alcanar (Maestrazgo) y allí hice noche.

Día cuatro de abril. Tomé la dirección al pueblo de la Galera del Pla y emprendí el fuego a un cuarto de hora de la población contra una columna mandada por el Jefe Villacampa. Nos emprendió la Caballería y a la primera carga me cogió tres prisioneros que yo llevaba de una columna republicana y tres mulos de la Brigada. Me mataron tres carlistas y un herido. Yo llevaba cien carlistas y formo el cuadro y entonces vuelve otra vez la Caballería a hacer otra carga y mis individuos con una descarga mataron dos jinetes y los caballos se metieron dentro del cuadro y entonces los cogimos. Estamos tres horas en medio del llano haciendo fuego con el cuadro formado y tirando contra la Caballería. Al llegar al pie de la montaña de Tortosa me salió otra columna de la parte de la Senia de Rosell, y entonces me alcanzó la Infantería del Brigadier Villacampa, y emprendimos el fuego con la Infantería de las dos columnas hasta la noche. Tenía el General Velarde, que me perseguía, cuatro mil hombres y los llevaba dieciocho columnas y duró un mes esta gran persecución. Y dando fin el fuego a causa de haberse oscurecido la noche.

Tomé la marcha a una hora de Tortosa y me retiré a un molino de harina. Allí nada teníamos para comer; y mandé a una mujer que le llaman la Pubilla del pueblo de Regel, que es arrabal de Tortosa, con su criado al pueblo de Tortosa. Nos trajo la comida para noventa hombres y estamos sin comer del viernes hasta el domingo a las tres de la tarde. El día 6 pasamos el Ebro por Cherta y los caballos los pasamos por el puente de Tortosa y en el pueblo de Tivelle descansamos tres días. Día veintiuno de abril, provincia de Tarragona. Tuvimos fuego en el pueblo de Fulleda y principiamos el fuego a la una de la tarde hasta las siete de la tarde. Mi fuerza tuvo dos heridos y el enemigo un muerto y dos heridos, y tenemos que retirarnos al pueblo de Almodí.

Día veintitrés de abril. Tuvimos fuego en el pueblo de Margalet. Principiamos el fuego a las diez de la noche y el fuego duró una hora. Al enemigo le hacemos una completa dispersión y le hicimos un herido, y yo me retiro otra vez al pueblo y paso toda la noche en el pueblo.

Puebla de Siervol

Día veintinueve de abril. Emprendimos el fuego a las diez de la mañana y retiramos el fuego a dos de la tarde; mi fuerza tuvo un herido y el enemigo tuvo dos muertos, y nos retiramos al pueblo de la Juncora.

Día tres de mayo. Desarmamos a los republicanos en el pueblo de Albarca y tomamos veinticinco fusiles.

Día cuatro de mayo. Emprendimos el fuego al pueblo de la Morera contra los republicanos y los sacamos de dentro de la iglesia y les tomamos quince fusiles y a ellos les di la libertad para sus casas.

Día nueve de mayo 73. Emprendimos el fuego en el pueblo de Villaplana contra los republicanos. Principiamos el fuego a la una de la tarde y les cogimos cuatro prisioneros, y no pudimos dar el salto al fuerte y matamos cuatro republicanos; al punto les llegaron doscientos republicanos de refuerzo, les emprendí y los hice retirar.

1873

Día veinte de Mayo 73. Emprendimos el fuego en compañía del Jefe Vallés en el pueblo de Torredembarra y desarmamos veintidós republicanos y los despedimos a sus casas.

Día veintidós de mayo 73. Yendo yo solo con mi fuerza me fui en dirección al pueblo de Mura, provincia de Barcelona, y me vinieron trescientos republicanos, me salí del pueblo y dejé a mi hijo Bautista enfermo dentro de la población; dos mujeres les dijeron a los republicanos que el hijo de Don Pascual Cucala estaba dentro de la población oculto; la mitad de la fuerza republicana estaba registrando las casas y yo estaba a la vista de la población. La otra mitad de la fuerza se salió al campo y nos emprendimos a hacer fuego. Yo estaba desesperado a causa de la agonía de que no hallasen a mi hijo, porque ellos no les daban cuartel a ningún carlista, nos emprendimos a la bayoneta. Entonces salieron todos los del pueblo y hacemos retirar a los trescientos hombres; al mismo tiempo había cuatro republicanos donde estaba mi hijo y al verlos principiaron a correr. Llego a la casa, salvamos a mi hijo, haciéndoles dos bajas y de heridos no puedo dar los detalles.

1873

Día veinticinco de mayo 73. Emprendimos el fuego, llamándome el Serenísimo Señor Infante Don Alfonso de Borbón y yo le dije que convenía atacarle a causa de que la fuerza se nos perdía de tantas marchas y tan largas, de día y de noche. Le dije que si ganábamos ya no sería tanta la persecución del enemigo; y entonces Don Alfonso tomó posiciones. A mí el enemigo me cortaba la retirada y mandé retirar. Más arriba estaba el coronel Miret. Al mismo tiempo yo recibí una herida en el brazo derecho, atravesándomelo y otra herida en la mano izquierda; a la una del día vino a curarme el médico; le dije que no convenía el curarme y se retiró el médico. Entonces el enemigo llegó a la reserva que yo tenía para resguardo. Dejé las posiciones y el enemigo se puso a quince pasos; ni mis voluntario tenían tiempo de cargar los fusiles ni el enemigo tampoco; entonces, al verme tan presionado, llamé a un capitán de caballería para que le diera orden al señor coronel Redondo de que con los treinta caballeros que tenía hiciera una carga; el señor coronel hizo la carga y dispersó toda la columna. Entonces entramos detrás de ella, y les cogimos dos cañones y las mulas de los cañones. En el momento le llegó otra columna de refuerzo al General Cabrinety. Viene otra vez el cirujano y le dije que más tarde me curaría; emprendimos el fuego contra las dos columnas en el llano de Lluçanes; el fuego se volvió a principiar a las once del día y se concluyó a las siete de la noche. El enemigo tuvo trece muertos, setenta y dos heridos y cuatro prisioneros; y los carlistas seis muertos y trece heridos; eran las diez de la noche cuando me estaban curando las dos heridas y estaba herido desde la una de la tarde. También tuvimos un caballo muerto; la fuerza se reducía a mil cuatrocientos y el enemigo dos mil seiscientos individuos; el pueblo se llamaba Oristá .

Día cuatro de junio de 1873. En el llano de Lluçanes nos llamó el Serenísimo Señor Infante y nos dijo que emprendiéramos el fuego todos contra el General Cabrinety; quedamos todos los jefes acordes y emprendimos el fuego; el coronel Redondo al poco rato le hace una carga con catorce caballos y muere el coronel carlista y tres caballos; el fuego dura de las diez de la mañana hasta las seis de la tarde. Las bajas fueron: el enemigo nueve muertos y cuarenta heridos; los carlistas cuatro muertos y once heridos y tres caballos muertos. El enemigo reducía su fuerza a dos mil seiscientos individuos y el Serenísimo Señor Infante mil cuatrocientos .

Día siete de junio. El Serenísimo Señor Infante me dio la orden para volverme al Maestrazgo con toda mi fuerza, a ver si yo podía levantar otra vez el Centro; le dije que si no tenía inconveniente, que dejara pasar al señor Vallés, porque para mí era mucha la persecución del enemigo. Entonces me dijo el Serenísimo Señor Don Alfonso que ya había mandado dos oficios para que pasase al Maestrazgo y que yo mismo le diera la palabra, que si no pasaba enseguida que me destituye de las fuerzas, y le dejé el parte el Margalet. Tomé la dirección al pueblo del Español, teniendo el Gobierno todas las barcas recogidas en Mora de Ebro. Entonces tomo la alta montaña de Cataluña, marchando de día y de noche para que el enemigo no participara de mi marcha. Llego a la Puebla del Español, provincia de Tarragona, y sabiendo que en el término de la Torre había una barca que hacia un cargamento, mando tres carlistas disfrazados de paisanos, y después de cargada, los carlistas les dijeron a los dueños que la barca no se podía mover de allí, y entonces me cogen a los tres carlistas los marineros y los echan a la barca. Me los hacen prisioneros y los llevan a Mora del Ebro; entonces yo bajé al ( ) y me dan los detalles. Esto fue a las 8 de noche y tomo la marcha toda la noche en dirección a Benifallet. Pude encontrar barca antes que el Señor Gobernador de Tortosa tomase noticia mía. Cogimos una barca que venía de Tortosa, y me dijo el capitán del barco que no sabían mi paradero, que por eso habían salido de Tortosa y el Gobierno había mandado retirar todas las barcas; y el día nueve pasamos el Ebro con ciento catorce hombres y nos dirigimos al pueblo de Prat del Comte y llegamos al anochecer.

Día once de julio. Emprendí la dirección al pueblo de Beceite, entramos en él y tuvimos unos tiros con los republicanos, que abandonaron el pueblo y se fueron al pueblo de Valderrobles, y nosotros nos quedamos en el pueblo de Beceite. Tomamos la marcha al pueblo de Castell de Cabras y nos llevamos las raciones que tenían preparadas para la columna republicana.

Día trece de julio 73. Entramos en San Mateo a las dos de la mañana, principiamos el fuego y, a las cinco de la mañana, armamos bayoneta y les emprendimos por dentro del pueblo y por fuera. A mí me hicieron un prisionero y mataron mi caballo y el enemigo tuvo tres heridos; me retiré a Salsadella.

Día 13 de Agosto. Emprendí la marcha al pueblo de Alcalá de Chivert y emprendí el fuego contra la guarnición, les matamos dos republicanos y por la mañana nos marchamos en dirección al pueblo de Adzaneta.

(Texto original tachado: marchamos al pueblo de Adzaneta)

1873

Día Trece de Agosto. Emprendimos la marcha en dirección al pueblo de Mas de Barberans, porque en el mismo día había pasado el Ebro el Jefe Vallés con su fuerza, y nos juntamos allí las dos fuerzas. Vallés llevaba trescientos hombres y yo cuatrocientos, y nos dirigimos al pueblo de La Cenia. Allí me llamó a su alojamiento, me dijo que quería formar dos Batallones y que al Batallón que llevaba a su mando le quería poner el 1º del Maestrazgo. Le contesté que no me parecía bien a causa de que yo había hecho el levantamiento en el Maestrazgo, que todos los individuos que yo llevaba eran hijos del mismo, y los de su fuerza todos eran catalanes y por eso no tenia ese derecho de ponerlo; se quedó contento y satisfecho.

1873

Día quince de agosto 73. Emprendimos la marcha en dirección a Alcora, de allí seguimos la dirección al pueblo de la Vall de Almonacid y de allí pasamos al pueblo de Segorbe. El Jefe Vallés, que venia a retaguardia, se quedó a un pueblo a media hora de Segorbe. Antes de llegar yo a Segorbe me salió una compañía de republicanos, desplegué las guerrillas y les hago retirar dentro del Castillo. Entonces mandé al Sr. Capitán Miguel Rodríguez con la compañía de requetés, y toda la fuerza seguía detrás de ellos; entramos en la población, y la demás fuerza del señor Vallés se quedó afuera, y los republicanos se retiraron de las casas a la torre, al Castillo y a la casa de la Villa y estamos haciendo un fuego horroroso. El Jefe de los republicanos era cura y el cura se retira a su casa. Las mujeres me dijeron que nos estaba haciendo fuego por las ventanas, y entonces mandé a unos voluntarios que entraran por otra casa, y lo cogieran prisionero. Le llevaron la carabina y la canana puesta, y en un cajón algunos paquetes de municiones y un trabuco. A las nueve de la noche cuando entró el Jefe Vallés y se salió a las once con la mitad de la fuerza y me dijo que yo me cuidara del fuego. Le dije al cura de que si lograba que se entregaran los republicanos, que le daríamos cuartel y también a toda la fuerza que capitaneaba, bajo palabra de honor. Eran las doce de la noche y el cura les envió parte de que D. Pascual Cucala a todos les daba indulto y que si no se entregaban el era fusilado. Los demás Jefes republicanos me contestaron que no valía que pactase con él. Entonces les digo que no lo fusilo yo, que la culpa era de ellos, porque si ellos se entregaban, todo quedaría arreglado y que poco lo estimaban, que lo dejaban morir. También me dijeron que habían cogido a un recaudador de contribuciones con una grande cantidad, y les mandé que la cargasen y se la llevaran a entregarla al señor Jefe Vallés; cargaron tres mulos; iba de encargado al señor capitán Tintorero de la comisión, y los entregó al referido Jefe; ignoro la suma de la cantidad que había. Por la mañana me envió el Señor Jefe Vallés un parte diciéndome que venia una columna de tropa mandada por el General Aranda, y como yo ya sabia que la fuerza del Gobierno estaba lejos, no atendí su parte, si no que continué en la población. Al poco tiempo me viene la noticia de que el Jefe Vallés ya se había marchado, pero continúe el fuego con mi Batallón. Vallés se marchó al pueblo de Navajas. Entonces levanté el sitio de la población de Segorbe. De mi Batallón tuve cinco bajas y del Jefe Vallés, el comandante Don Vicente Ferrer herido; el enemigo tuvo cinco bajas y requisamos unos cuantos caballos en el término de Navajas. También confesamos al Señor Cura y le dije que lo fusilaba a causa de hacer fuego a las banderas católicas y apostólicas romanas y por dar un mal ejemplo al pueblo de Dios y a sus ministros; en el término de Jérica mandé a la compañía del requeté que lo fusilara; al punto de arrodillarse les entregó siete cartuchos que llevaba, y a los hijos míos les dijo que ellos defendían la fe, que él iba por el camino de la perdición y les entregó 6 reales que llevaba en el bolsillo, y que no se olvidaran de la religión que el Señor les ayudaría, porque era el mejor premio del mundo y yo defendía mala causa. Esta fue la última palabra que pronunció, y su nombre propio era Garcerán.

1873

Día 19 de Agosto 73. Hicimos noche en Gaibiel y por la mañana salimos en dirección a Ribesalbes, de allí a la Alcora, y de allí a Castellón de la Plana. Media hora antes de llegar nos dan aviso de que venía la columna que ya había entrado en Castellón y entonces retrocedimos al pueblo de Onda. De allí tomamos la marcha, el Jefe Vallés al Maestrazgo, y yo al pueblo de la Vall d’Alba. Entré a las dos de la mañana, y al instante me salieron sobre cincuenta hombres. Todo el pueblo estaba muy entusiasmado con los carlistas y yo les dije que se retiraran a casa porque no tenía armas, y ellos me contestaron que con un palo sobraba. Les dije que les avisaría, y al poco tiempo me llegó la noticia de que por la noche llegaba una columna de una compañía de tropas de Sagunto, pues me salí de la Vall d’Alba y tomé la dirección hacia el pueblo de Sagunto. Distribuí las compañías por todas las bocas de las calles y principiamos el fuego, haciendo retirar a la tropa a la casa de la Villa. Conducía trescientos fusiles para la guarnición de Segorbe y la tropa estaba desmayada. Le mandé un parte que, si no se entregaban, les daba fuego, y se rindieran, entregándome las armas y municiones, dejándoles el armamento y dándoles la libertad para irse a Valencia. Porque yo sabiendo que el General Aranda estaba en Valencia, les acepté que se fueran armados, pero sin municiones, enviándoles a un capitán de una compañía y con palabra de honor que salieran de la Casa de la Villa. Salieron, me entregaron los trescientos fusiles y mandé una compañía mía que les acompañaron hasta fuera de la población. El capitán de la tropa con toda su fuerza tomó la dirección para Valencia. Esto era a las once de la noche y recogí todos los fusiles y tres carretadas de tabaco de la aduana del Gobierno y nos dirigimos por la carretera, a las dos de la mañana, en dirección a Segorbe; pasando por Torres Torres. Llegamos al pueblo de Estivella y allí hicimos alto; repartí el tabaco a las compañías y después de comer toqué llamada y emprendí la marcha. Antes de llegar al pueblo llamado (falta en el original) que estaba armado de republicanos, nos principian los republicanos a dar vuelos de campanas y me mandan un parte que me entregaban las armas. Llegamos allí, fuimos recibidos por el Señor del Ayuntamiento y nos entregaron las armas. Allí hice dos horas de descanso; y después fuimos en dirección a otro pueblo a dos horas de allí llamado (falta en el original), también estaban armados y también hicieron lo mismo que el antecedente. A las diez del día siguiente, sobre un cuarto de hora de Segorbe, salió a recibirnos un señor llamado Don Vicente Mambru con una bandera blanca, con un caballo, detrás el Excelentísimo Señor Obispo, todo el Clero, los señores del Ayuntamiento y muchísima gente de la población, haciéndonos grandes regocijos y vuelcos de campanas. Los republicanos se habían salido de la población, dejándose doscientos sesenta pantalones, levitas, camisas, calzoncillos y morrales. También recogimos algunos fusiles y cananas que ellos se habían dejado, y todo el total de fusiles recogidos con toda la marcha desde Sagunto hasta Segorbe fueron 500 sesenta. Quedando toda la ciudad de Segorbe muy contentos y agradecidos por el buen comportamiento de todos mis voluntarios, porque a todos los republicanos que se retiraron, de allí mismo o sean de otros puntos, nada de particular se les dijo y se retiraron en sus casas.

1873

El Señor Don José Santer salió de Valencia, hizo el levantamiento el día 23 de agosto del año 1873 con unos cien hombres, y se puso de acuerdo con algunos jefes que se encargaron de reunir a todos los voluntarios que tenían deseo de tomar las armas. Se reunieron en una casa denominada Masía del Rey, distante unas cuatro horas de la capital, en donde había citado a los demás jefes. Entonces se juntaron entre todos trescientos hombres, todos armados con distintas clases, pero traían bastantes fusiles de aguja, procedentes del Ejército, por lo que se podían batir con el enemigo, pues el levantamiento ya estaba hecho. Eramos ya un número respetable de fuerzas y el General Santer al día siguiente montó a caballo con su jaca y se dirigió, que era toda la caballería que tenía en su fuerza. Por la tarde se encaminó al pueblo de Ribarroya y Benacuasil, pueblos defendidos por trescientos republicanos, les desarmó sin encontrar oposición, tomándoles los fusiles y armó a cien voluntarios que se le incorporaron, quedándole aún armas de sobra.

1873

Día veinticinco de agosto Emprendimos la marcha en dirección al Villar del Arzobispo y allí pasó el veintisiete. Se dirigió al pueblo de Chililla, desarmó a 100 republicanos; y recogiendo gente por los caminos, a los cuatro días llevaba seiscientos hombres, y entonces formó dos compañías denominadas de Guías de Valencia, primera y segunda de la misma; y tomó la dirección a Losa. Después entró en Chelva donde también desarmaron a los nacionales y se aumentaron sus fuerzas.

A principios del mes de septiembre salió el General Santer de Chelva con tres compañías de Guías y dos batallones que llegaban a mil hombres y con estas fuerzas se apoderó de Utiel, donde cogió una porción de uniformes que le sirvieron para vestir a las compañías de Guías. El traje de éstos consistía en boina blanca, blusa encarnada, pantalón azul y polainas encarnadas, lo que iba dando aspecto a la fuerza. Santer tenía suerte de que no encontraba a su paso voluntarios nacionales, los que por no batirse le integraban las armas y de Utiel, sin tirar un tiro, desarmó a los de Fuenterrobles, Camporrobles, Laudete y Ademuz, pueblo importante de la provincia de Cuenca, donde estuvo tres días. Después en el camino se le incorporó la partida de Vidal, que era fuerte de doscientos hombres, de modo que formó seis compañías de Guías, una escolta personal y completó los batallones de Cazadores. Le faltaba Caballería porque hasta entonces no había podido reunir más que 20 caballos, pero eran sus fuerzas ya respetables. Pasaron por Aral, el Puente y Landella, se le rindieron los nacionales de los tres pueblos, y le entregaron las armas y un oficial de Ejercito llamado Don Benito Cherri y las fuerzas de Valencia; al mes llevaron seiscientos 30 caballos.

Día 12 de Septiembre 73. Estando en el Puertomingalvo se me presentó el Sr. Miguel Arnau para que yo diera unas cuantas armas para hacer el levantamiento en Aragón. Le contesté que no tenía armas pero que viniera unos días conmigo que ya habría, y entré en Mora de Rubielos y tomé seis cajones de tabacos de la Aduana del Gobierno. Tomé la marcha al pueblo de Seryau.y llamé a los hijos del General Alegre y Miguel Arnau y les dije que tomasen veinticinco hombres para hacer el levantamiento en Aragón; se fueron por la parte de Teruel y a los pocos días ya llevaban cuatrocientos hombres. Esto lo hizo Don Pascual Cucala; y yo tomé la marcha en dirección al pueblo de Alcublas y me junté con el General Santér. Santér se fue al pueblo del Villar del Arzobispo y quedamos de acuerdo que habíamos de salir a las cinco de la mañana y nos habíamos de juntar en Liria. Ese pueblo estaba con el animo completo con nosotros, y al poco rato viene la noticia de que había una columna de Carabineros y cuatrocientos de tropa de línea; salgo yo y tomo las posiciones en la ermita de San Miguel, desplegué en guerrillas por las huertas, les emprendí con mi fuerza y les dispersé. Al mismo tiempo me mandó el General una ordenanza que me retirara; la columna entró en Valencia en una completa dispersión y me dijo el General que no convenía perseguirla, a causa de que yo le pregunté por que me había hecho retirar, y de esto el pueblo se quedó disgustado. Emprendimos la dirección al pueblo de Cheste que es una grande población; allí arreglamos las compañías, nombré algunos Oficiales y Sargentos y estuvimos dos días organizando las fuerzas.

1873

Día dieciséis de Septiembre. Emprendimos la marcha en dirección al pueblo de Carlet. Allí descansamos un día, tomamos la marcha en dirección a Játiva y andamos toda la noche sin parar, más que a comer por la mañana en Castellar de Agetiva; al pasar por el pueblo de Manuel nos salieron los nacionales y les dispersamos por la huerta, haciéndoles dos bajas y llegamos a Játiva toda la fuerza.



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