DIARIO DE UN MILICIANO - 006




Día 26, lunes

Escribo una carta y la certifico, pidiendo a casa me envíen cuanto antes mejor la partida de nacimiento por certificado.


Día 27, martes

Me paso el día estudiando Geografía, Aritmética, Gramática y Geometría. Esta tarde se ha hecho un sorteo para aumentar el número de los que tienen que ir de permiso. Se dice que pasado mañana marcharemos.

Hemos mantenido una charla Cañisá, Cabrera, Gómez y yo. El Comisario de Guerra nos ha contado la pugna que hay entre los militares y los Comisarios de Guerra. Los socialistas apoyan demasiado el militarismo. El Gobierno quiere abolir la influencia de los Comisarios de Guerra y quiere dar la máxima fuerza a los militares. Los Comisarios de Guerra se niegan a formular instancia para que el Gobierno los reconozca; saben que no serán aprobados y, en cambio, aprobarán a los de Academia, o sea, escogidos. Como revolucionarios que somos no nos fiamos de los militares. Estamos demasiado escarmentados.


Día 28, miércoles

Hemos recogido firmas para pedir al Gobierno que no quiten a los Comisarios de Guerra y nos traigan a los burócratas de academia. De tener Comisarios revolucionarios forjados en el frente a tenerlos de la retaguardia, o sea enchufados, que no tuvieran suficiente espíritu revolucionario para ir a defender la libertad al frente hay bastante diferencia.

Por la tarde he ido a Tardienta y he encontrado a Muns (alias Campana); vino conmigo Cañisá. No nos ha sabido dar noticias de Nicolás ni del Moreno pero en cambio nos ha dado medio pan a cada uno.

Para cenar hemos comido, como siempre, guisantes podridos con alcachofas viejas y carne apestosa, también he comido chicharrones y ranas. Para comer, arroz hervido con carne de burro o caballo.


Día 29, jueves

La segunda Compañía (antes Matteotti) está en Tardienta la mitad y la otra mitad ya está en la avanzada. Los indisciplinados están vigilados por el gran jefe. Se supone que les impondrán un castigo ejemplar.

En la Orden que hoy he leído, que era del día 26, se comunicaba que al día siguiente a las once horas se reuniría el Comité Indisciplinario para juzgar a un teniente que había reincidido en emborracharse e insultar a un miliciano.

Son las tres de la tarde y hace pocos momentos que Cabrera nos ha comunicado que esta mañana nos iremos de permiso y por tanto ya nos podemos preparar. Ya nos estábamos preparando cuando de repente entró Borinet como una bomba y a grandes voces decía que se han suspendido los permisos. Como se presentó de manera tan trágica no sabemos si es cierto o es broma. La duda la tenemos porque ya estamos escarmentados. Salimos y encontramos a Cabrera que nos ratifica lo mismo y añade: los permisos se han suspendido mientras no se solucione el conflicto de la Matteotti. Paciencia, es la guerra.


Día 4, martes, mayo de 1937

Son ya más de las diez de la noche y estoy en la cama de casa con la vela sobre la mesilla de noche decidido a anotar las fatales y tristes incidencias de estos días de mi estancia en Barcelona.

A las cuatro horas del viernes día 30 del mes pasado, gracias a los trabajos del Comisario de Guerra nos fuimos del frente con el tren los que teníamos permiso. A las nueve horas llegamos a Lérida, donde cambiamos de tren. Al pasar los equipajes de un tren al otro me olvidé de los zapatos y el bastón.

Debían de ser las dos y media cuando llegué a Barcelona (Estación del Norte) y subí a un taxi con el voluminoso saco cargado de hierro viejo y restos de proyectiles, mi macuto y, en fin, todo el equipaje. En el momento de bajar del coche oigo que me llama el tío Quicu y seguidamente da en casa tres violentos toques. Quicu, que en aquel momento bajaba, quedó parado y me alargó la mano. Subí silbando a casa y como no me esperaban la alegría fue tal que es indescriptible. Inmediatamente pedí comida, pues desde que había cenado el día anterior, sólo por la mañana había comido un trozo de pan con chocolate.

Ya he visitado a los compañeros del taller y he cumplido algunos encargos.

Ayer fui al cine “Avenida” con mi padre. Eran las cuatro de la tarde y al pasar por la Plaza de España notamos movimiento en el cuartel de Guardia de Asalto. Salí a las siete para ir a encontrar al compañero Eugeni a la escuela preparatoria instalada por la C.N.T. en la antigua escuela jesuita de la Ronda S. Pau. El edificio estaba rodeado por elementos sindicalistas, pistola en mano, algunos de los cuales, con la colaboración de algunas chicas idealistas, levantaban barricadas. No me fue posible encontrar al amigo Eugeni y si que me fue necesario presentar el carnet sindical. Como mi presencia era innecesaria, y más estando desarmado, fui a ver a la familia, Anita, Papitu, Angeleta y Jaument y allí cené. Después hacia casa, todo estaba a oscuras y preveía una tragedia que yo quería adivinar pero ignoraba.


Día 5, miércoles

El estado anormal de antes de ayer fue provocado por el intento de asalto a la Telefónica por la fuerza pública. Ocurrió alrededor de las tres de la tarde. Penetraron los policías en el interior desarmando a los afiliados a C.N.T. y U.G.T. y querían, a la fuerza, incautarse del edificio. Inmediatamente se movilizaron las fuerzas de la C.N.T. y F.A.I., que defendieron los edificios de las organizaciones, y transcurrió la noche con relativa calma, aparte de algún leve tiroteo. Los tranvías, a primeras horas de la noche se retiraron.

Durante el día de ayer, particularmente por la tarde, se produjeron diversos choques entre la fuerza pública y elementos de la C.N.T. y F.A.I. y otros sectores obreros. Se llegaron a lanzar bombas de mano. Por la radio radiaron diversas notas desde el micrófono de la Generalitat en las cuales decían en síntesis, todos los partidos confabulados contra la C.N.T. y F.A.I., que estaban preparados para la lucha.

Es triste que sucedan estos incidentes pero yo creo que todo es obra del Comisario General de Orden Público, Aiguader, el cual abusa de la fuerza que le da el cargo que ocupa para perseguir a los militantes anarquistas. Con motivo del asesinato de algunos componentes de la U.G.T., vilmente asesinados por los fascistas emboscados, ha efectuado razias por las barriadas obreras con tal de desarmar a los militantes anarquistas y eliminarlos como intentaron hacer con el compañero Maroto de Andalucía y como hicieron en Rusia durante la Revolución.

Los emboscados hicieron circular el rumor de que se intentaba asaltar “Solidaridad Obrera” pero después fue desmentida la noticia por radio.

Ayer por la noche hablaron por radio Calvet, presidente de la “Unió de Rabassaires”; Sbert de “Esquerra Republicana”; Vichella por la U.G.T; Alons por la Local de la C.N.T. y García Oliver y el presidente Companys. Antes de hablar Oliver hablaron: Mariano Vázquez, Secretario del Comité Nacional de la C.N.T. y Hernández Zancajo de la Ejecutiva Nacional de la U.G.T; García Oliver y Zancajo llegaron de Valencia en avión.

Son palabras de García Oliver: “aun cuando hubiera tenido un fusil en la mano, una bomba en la mano, no hubiera sabido a quien tirarlo, porque todos cuantos tiraban eran mis hermanos.” Todos lanzaron la misma consigna: “¡Alto el fuego!”.

A primeras horas de la tarde la Regional de la C.N.T. ha dado por radio la consigna de que todos los militantes de la C.N.T. que se encontrasen armados por las calles que se retiraran y que los que no cumpliesen esta consigna en el término de una hora, serían expulsados de la organización confederal. Pero los que pululan armados por las calles de Barcelona no hacen caso de las orientaciones de los nobles dirigentes y continúan la lucha fratricida. Desgraciadamente son muchos los que se tildan de revolucionarios y chillan y gesticulan desaforadamente escupiendo morbosidades. Esta obcecación, de continuar, nos tiene que conducir hacia el fracaso en la titánica lucha que mantenemos contra el fascismo. No recuerdan estos fanáticos - cuando no emboscados - que sin la unidad e impetuosidad con que se lanzaron a la calle los trabajadores el diecinueve de julio y con la presente desmembración es imposible asegurar el triunfo. Como deben reír los fascistas emboscados al ver que sus procedimientos no han sido estériles y han estallado las bajas pasiones de los incontrolados que han librado esta batalla sangrante por las calles de Barcelona; asaltando y saqueando cuarteles de la fuerza pública que se entregaron para evitar víctimas.

El Gobierno de la República se ha incautado del Orden Público de Cataluña.

Esta tarde, la Regional de la C.N.T. y de la F.A.I., por radio, ha lanzado orden de que se retiren todos los que están por la calle turbando la paz entre los honrados trabajadores y como creen que todos los sensatos así lo harán, los que continúen por la calle haciendo con esta actitud el juego al fascismo, serán considerados fascistas y como tales serán tratados.

Continúan paseando por la calle los ofuscados y los vividores, armados hasta los dientes, luciendo con sarcástica fruición las pistolas y fusiles ametralladores; los cinturones cargados de bombas universales. Coches blindados por todas partes había y tanques-orugas algunos no podían faltar. Por el diecinueve de julio, todos los coches que corrían sacaban por las ventanas brazos empuñando pistolas pero ahora los brazos empuñaban bombas. Por las calles iban muchachos de quince años cargados de bombas que las trataban como si fueran alcachofas para dar así la sensación de que son verdaderos veteranos.

Ahora Barcelona y otros lugares de Cataluña están llenos de policía que, por orden del gobierno, han ido a restablecer el orden por la razón de sus fusiles.


Día 10, lunes

Por la tarde he ido a la División a alistarme para ir al frente.


Día 11, martes.

A las ocho de la mañana marcho de casa con mi hermano hacia la estación del Norte y allí nos encontramos a Joani que viene a despedirme. Pasan lista y me dan dos papelinas con comida dentro y a las 8’40 arranca el tren pero antes de arrancar sube el Mando.

Por la noche, cerca de las nueve llego a Tardienta y me incorporo a la cuarta Compañía de los incontrolados.

Los compañeros me piden detalles de lo ocurrido en Barcelona y me comunican que aquí también querían provocar disturbios y el enemigo estaba preparado pues había transportado cuarenta camiones de fuerzas que esperaban el momento en que nos peleásemos entre nosotros para atacarnos por sorpresa.

En Barcelona corrieron muchos “bulos” o rumores; uno de ellos era que tenían que quitar el agua e inmediatamente en todas las fuentes hubo cola para el agua. El que podía ir con un barreño no iba con ningún cubo. También se decía que bajarían milicianos del frente para imponer la paz entre los “valerosos” combatientes de retaguardia y ciertamente que en la 1ª Compañía ya había cuarenta seleccionados para bajar.


Día 14, viernes

Hace poco rato que he almorzado; hemos comido sopas con huevo y por cierto he repetido dos veces. También nos han dado un trozo de butifarra, y como no tenia la seguridad de que era burro la he dado a Cañisá. Hemos hecho una prueba le hemos dado al perro y no ha querido. Está claro; lobos con lobos no se muerden.


Día 16, domingo

Esta mañana después de beber y mojar pan en el zumo de castañas he comido caracoles cogidos en el cementerio; están gordos y preparados con vinagre resultan suculentos. En el cementerio, de la tierra sale una mano desenterrada a causa de las lluvias y algunos huesos de los últimos fusilamientos.


Día 17, lunes

Ayer, al entrar la noche, cuando ya nos preparábamos para dormir, nos avisó la guardia que delante de las trincheras había gente. Salimos corriendo con el fusil y las cartucheras en la mano y cual no sería nuestra sorpresa al ver dos siluetas que avanzaban con las manos arriba y gritando “Camaradas, no tirar”. Comprendimos que eran soldados escapados del campo rebelde. Saltamos las trincheras y los abrazamos con gran demostración de alegría. Nos confesaron que no creían que les hiciésemos aquel cordial recibimiento pues los fascistas les decían que los “Rojos” fusilaban a todos los que se pasaban. Como hacía un día que no habían comido les dimos pan y alguien destapó una botella de coñac.

Pertenecían a la “Legión Sanjurjo” y uno fue condenado a muerte por los fascistas por tratar con otros de la manera de escaparse. Nos comunicaron que los fascistas temen que un día de estos les ataquemos y por eso tienen detrás de Almudévar un campamento de moros y del tercio. Esta mañana precisamente se ha ido el segundo turno de permiso y uno de la sección de ametralladoras que también tenía que irse ha venido a ver a los fugitivos y ¿cuál no ha sido su alegría al reconocer a su hermano en uno de los escapados? Es ya el segundo caso, aquí en el canal, de encontrarse dos hermanos.

Ahora el pan que comemos no es tan bueno como el de antes. Es más negro pero en cambio comemos más.

He estado unos cuantos días sin fusil, ahora ya tengo una caña y cuarenta y cinco municiones que ni tan solo quiero probarlas porque las tendría que tirar.

Es triste así mismo que aquí no tengamos armamento y en Barcelona se paseen por las calles armados hasta los dientes.

Ayer me enteré por medio de “Treball” de la crisis del gobierno de la República provocada por el Partido Comunista. Veo que el P.C. es muy moderado y propone la solución de la crisis mediando un gobierno Prieto, o algún otro hombre de espíritu tan aburguesado como él, que no harían otra cosa que desviar el camino de la Revolución.

El Partido Socialista calla y los otros dejan entrever que desean un gobierno presidido por Largo Caballero. Pero como para velar los intereses de los trabajadores no hay como los mismos trabajadores, aquí tenemos a la U.G.T y la C.N.T. que no quieren apoyar otro gobierno que no esté presidido por Largo Caballero.

No me encuentro bien. La cabeza me hierve; la garganta me quema, tengo un dolor de cabeza terrible. Para postre hoy me toca a mi y a toda la escuadra ir a buscar la comida. Al traer la comida llueve y quedo chipiado. He ido a ver al practicante y me ha dado un jarabe que, según el mismo ha confesado, parece agua. Si no me va bien dice que iré a que me visite el médico del batallón.

Como no tengo zapatos y es inútil que pida pues no me darán voy con alpargatas y creo que están ahogadas de tanto pasar por el agua.

He pasado el día en la chabola tapado con la manta porque casi llueve tanto dentro como fuera y para postre los compañeros se pasan el día cantando y tocando armónicas, pero; ¿Qué vamos a hacer? ¡Es la guerra! Paro de escribir para ir a buscar el rancho.


Día 18, martes

Acabo de almorzar sopas de pan con huevo y he repetido dos veces.

Esta noche he hecho la guardia y con la oscuridad que había dando vueltas por los lugares de la guardia he quedado todo embarrado. Al caminar los pies se me hundían en los charcos de agua hasta las rodillas, pero paciencia ¡Es la guerra!

Hace un rato que la artillería emplazada en la ermita dispara hacia el canal detrás del cual están las cocinas de las brigadas. A ver si explota alguna granada en la olla y nos quedamos sin comer.


Día 19, miércoles

Esta noche no ha llovido fuera de la barraca pero en cambio ha llovido dentro. El trabajo era nuestro para tapar las goteras colgando platos en el techo; pero no ha dado buen resultado este sistema pues la barraca se hundía y al hacer movimientos los platos se giraban y nos caía el agua encima. Durante la guardia de la noche me he vuelto a embarrar los pies pues el campo continuaba inundado y ya no valía la pena mirar primero. Pasaba por en medio del agua y el barro como si caminara por la rambla.

En la cocina había un “mulo” enfermo que ayer vi que estaba agonizando. Pues bien; ya esta pelado y partido y mañana hará buen “caldo” porque era bastante viejo. Hoy precisamente que hemos comido bien; con el tiempo que hacía que no habíamos comido; aunque creo yo que era oveja y por cierto bastante vieja porque la carne era muy dura. ¡Qué pocos “mulos” de ametralladoras quedan! Todos nos los comemos. Y la conocemos muy bien la carne de “mulo”. Es muy roja y parece esponja.

Acabo de hablar con el capitán y los tenientes; les he pedido que pasen a otro a ocupar mi cargo de cabo. Me han dicho que es imposible pues consto en la plantilla de la Compañía 4ª y ya constaba en la de la 1ª Compañía y por tanto estoy reconocido por el Ministerio de Guerra. Eternamente maldeciré a Llavaneres que es quien me obligó a ocupar interinamente el cargo de cabo. García, Brigada de la Compañía, presentó las listas de los componentes de la Compañía y fueron aprobadas y, por tanto; como cada día molestaba al sargento Llavaneres y al teniente Cabrera para que pusieran a otro pues pasaban los días y no se presentaba a quien yo sustituía, me dijeron que ya era imposible.


Día 21, viernes

Anoche a las diez, cuando yo acababa la guardia e iba a dormir, se pasaron dos soldados del tercio y como los demás explicaron calamidades. Eran aragoneses y el más joven era muy decidido y por la manera de expresarse se comprendía que era anarquista. Al empezar el movimiento había luchado contra los insurrectos y se vió obligado a tirarse por la ventana de un segundo piso a la calle. Fue perseguido y condenado a muerte, pero se hizo voluntario del tercio y se salvó. Los dos eran obreros de la construcción y dijeron que si los fascistas se descuidaban muy pronto se pasaría toda la bandera. Manifestaron que también se pasó un soldado catalán que perdieron.

Ayer en la madrugada a las Compañías de nuestro lado se pasaron seis y la semana pasada en un solo día se pasaron cuarenta y ocho en todo el Sector.

Esta tarde nos han visitado tres aparatos rebeldes que nos han ametrallado y también han ametrallado un camión. Yo me encontraba descubierto y como iban bajos y oía silbar las balas he tenido que saltar a la trinchera que estaba inundada de las últimas lluvias.




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