DIARIO DE UN MILICIANO - 003



Día 9, viernes

Ayer después de comer vino el enlace del capitán y nos comunicó que nos preparásemos para volver a repetir la marcha. En la paridera donde están las Secciones 1ª, 3ª y 4ª se produjo un alboroto y fue necesario que fuera el comandante a calmarlos. A las cinco y media, bajo los saludables rayos de sol que doraban los descuidados campo de trigo y bronceaban nuestros rostros, emprendemos la marcha en dirección al coto de Assuera, encontramos numerosas Compañías lo cual me confirma más que estamos en preparación del deseado ataque general al frente aragonés. Hace pocos momentos han volado por el cenit doce aparatos modernísimos de aviación, nuestra naturalmente, que han bombardeado intensamente la ermita y Almudévar. Llegamos al campamento de los “Guerrilleros de Assuera” a las siete y cuarto; como hemos caminado de día no hemos dado ninguna vuelta y por este motivo hemos llegado en menos tiempo. Al momento rompemos filas, como hay “gazuza” nos dedicamos a fregar las cazuelas que hay por la cocina buscando los mendrugos de pan que hay por el suelo. Como la marcha la había hecho a cuerpo, con camisa, sin calcetines ni polainas, y ya hace un poco de fresco me abrigo y como los otros espero la cena que no se hace esperar mucho; nos dan un trocito de carne frita y un trozo de pan además de una naranjita podrida; no creía cenar tan bien. Estamos tirados por el suelo, durmiendo algunos y otros discutiendo.

Estamos sentados alrededor de mi fusil, los palos de la camilla y los “macutos” Cañisá, Martínez y yo y Martínez me cuenta que en la retaguardia, contrariamente a la exaltación bélica existente, continúa la pugna entre las organizaciones políticas y sindicales. Recibimos ordenes a las doce menos cuarto de ocupar la posición que ya ocupamos el día 6 delante de los “Guerrilleros de Assuera” y aquí estamos hasta que llegue el deseado momento de acosar al enemigo. Los “Guerrilleros de Assuera” son pastores y campesinos que conocen esta tierra palmo a palmo y que por el bosque de Assuera, burlando la vigilancia del enemigo, requisan los rebaños de corderos que pasan a nuestro lado; y por este bosque actúa nuestro servicio de espionaje que se infiltra por el terreno enemigo.

Continúo el diario atrasado pero ahora sin refrescar la memoria con el diario del cartero pues ya lo recuerdo todo.

Cuando ya empezaba el sol a recoger los dorados rayos que tenia repartidos, intimidado o quizás complaciente ante el abrumador peso de las tinieblas, divisamos como se acercaban por la carretera de Almudévar dos tanques facciosos que se dirigían hacia Tardienta, que estaba situado a nuestra derecha, mientras la artillería enemiga empezó a lanzar metralla sobre Tardienta. Delante de nosotros divisamos cómo se acercaba un Escuadrón de Caballería mora y a continuación un gran contingente de Infantería.

Abrimos fuego sobre el enemigo procurando aprovechar las pocas municiones, malas, que aún teníamos pues la mayoría no entraban en el fusil y al cabo de media hora se presentaron tres cazas fascistas que volando a ras de tierra nos ametrallaban violentamente. Nuestra Centuria ocupaba un montículo sin fortificar y a nuestra derecha estaba la guardia de asalto que al poco tiempo se retiró corriendo hacia nosotros y al pasar por delante nuestro nos causó rabia el comprobar que iban tirando las municiones que tanta falta nos hacían a nosotros. Al abandonar los guardias dejaron paso libre a la Caballería que arremetió con furia hacia nosotros. En aquel preciso instante, nuestro fusil-ametrallador se encasquilló. No tuvimos mas remedio que abandonar y entonces comprendí que no era exagerar cuando en las novelas leía que delante de una lluvia de balas..., porque aquello era una verdadera lluvia de balas; caminaba sin ni siquiera intentar correr porque, por delante y por los lados, veía clavarse en el suelo infinidad de balas que levantaban una pequeña cantidad de tierra, igual que las salpicaduras del agua cuando llueve, y mientras oía silbar las balas que cortaban el viento a gran velocidad. Pasamos a otro montículo donde se había hecho fuerte un grupo de alemanes que chillaban a los guardias de asalto “cobardes; defendéos como hombres y no huyáis como cobardes”. Cuatro o cinco sólo no se hicieron el sordo y se reunieron con nosotros. Yo me situé en compañía de los alemanes y pude apreciar con que bravura luchaban aquellos hombres. A pocos pasos de mí, cuando levantaba la cabeza y encajaba el fusil en la cara, riendo por el chiste de otro, murió el compañero “Tarzán” con la cabeza atravesada por dos balas. Los alemanes intentaron arreglar el fusil-ametrallador y en vista de que no podían y ya no teníamos municiones para los fusiles y el enemigo ya casi nos había rodeado, nos retiramos. Todos huimos corriendo y quedamos un grupo de veinte un poco apartados del lugar que habíamos ocupado; y chillábamos a los que se iban, pero nadie escuchaba. Tuvimos algunos heridos entonces, entre ellos nuestro capitán. Cambiamos impresiones la cuadrilla que quedábamos: nueve de la Centuria, alemanes y guardias de asalto y todos pensábamos de manera diferente: los guardias decían que el enemigo ya había tomado Tardienta y querían refugiarse en Torralba ya que conocíamos el camino; los alemanes querían quedarse en la montaña a pasar la noche, y al día siguiente harían lo que creyesen conveniente y nosotros creíamos mejor ir hacia Tardienta a resistir si aún estabamos a tiempo. Cada uno fue por diferentes lados y nosotros nueve, en fila india, intentamos encontrar Tardienta, trabajo difícil en una noche oscura, completamente desorientados sin conocer el terreno que pisábamos e ignorando el avance que habían hecho los fascistas en caso de que hubiesen avanzado.

En aquella retirada pude apreciar el temple de los hombres que habían salido de Sarriá; los que más chillaban y gesticulaban resultaban ser los más miedosos, o sencillamente cobardes, y en cambio otros que no lo parecía han resultado hombres nobles y valientes y hoy son los que ocupan los cargos de más confianza. Uno de los nueve que íbamos era el compañero Sentín, entonces sargento de la Centuria y hoy teniente de la Compañía; otro era Cabrera, antes cabo, después sargento y hoy teniente de mi Sección. Ibamos caminando con el fusil en la mano y con pocas municiones y tan pronto creíamos estar cerca del enemigo como lejos. Después de mucho caminar, agotados y con la garganta reseca porque no llevábamos agua - habíamos abandonado todo el equipaje - entre la oscuridad de la noche divisamos un raya ancha y no distinguíamos si era una carretera o un río; nosotros nos sentamos a descansar y nos entreteníamos tirando piedrecitas a ver si había agua y discutíamos, y al constatar que era una carretera no sabíamos si tirar hacia arriba o hacia abajo, cuando de pronto una voz de acento extranjero nos gritó “alto”. Instantáneamente cargamos el fusil y apuntamos hacia donde había salido la voz, pues ya creíamos que habíamos ido a parar a una posición ocupada por “mojamets”. Antes de que lo pudiésemos evitar Sentín se apartó de nosotros y pidió parlamentar y desapareció de nuestros ojos. Transcurrieron breves momentos de ansiedad e hicimos la promesa de si no volvía Sentín abrir fuego mientras nos fuera posible; afortunadamente pronto oímos la voz de Sentín que nos llamaba y decía que eran antifascistas. Guiándonos a voces atravesamos el canal y nos reunimos con Sentín y los camaradas que habíamos encontrado y con qué satisfacción respiramos entonces; esta escena transcurrió en menos tiempo del que he necesitado para escribirlo y, después de comer un poco, reposamos una hora y nos preparamos para ir a Tardienta, a pesar de que unos guardias de asalto que en ese momento pasaron nos dijeron que Tardienta había caído en poder de los fascistas. Pero el responsable de la posición no nos permitió irnos alegando que eran pocos allí para vigilar el canal y era un punto muy estratégico pues detrás de nosotros estaba la artillería. En vista de que no escuchamos y que queríamos irnos a Tardienta nos puso en contacto por teléfono con el “Mando” y entonces nos obligó a quedarnos. Pese a la potencia del ataque que efectuaron con gran contingente de hombres y material encontraron una fuerte resistencia de fusilería - basura diría yo - y ametralladora. Durante todo el día 21 el enemigo se batió en retirada. Dirigió la heroica defensa de Tardienta el “Rus” (se llamaba Juli Giménez Orge) capitán de Artillería muerto después en Belchite y enterrado con todos los honores en Barcelona. Era un hombre valiente; mandó en el canal que no se disparase ni un sólo tiro hasta que el enemigo estuviera a poca distancia del canal pues tan inferiores éramos que solo podíamos aguantar con picardía y serenidad. A la voz de fuego empezamos a disparar las ametralladoras y fusiles cuando el enemigo ya avanzaba despreocupado creyendo que no ofrecíamos resistencia; la artillería y la aviación enemiga bombardeaban furiosamente el canal causándonos algunas bajas, entre ellas Cañisá que resultó herido en el pie. Cayó un miliciano con herida grave y su compañera - ejemplo de serenidad y valentía - lo vendó, lo dejó a cargo de los camilleros y empuñando otra vez el fusil continuó disparando...

Se levantó la triste figura de un sarraceno que había logrado atravesar el canal y cayó con el cuerpo atravesado por las balas cuando iba a lanzar una bomba “Lafite”. Quedó destruido un escuadrón de Caballería mora. Nuestra artillería no podía disparar pues estaban demasiado cerca. El enemigo reculó dejando el campo lleno de cadáveres. Los “mojamets” arrastraban a sus compatriotas que habían caído y los moros que caían con herida mortal, siguiendo el ritual de su religión, intentaban enterrarse de cara al sol y así encontramos numerosos cadáveres medio enterrados con las manos clavadas en el suelo. En el “macuto” en vez de tabaco llevaban municiones y tabaco.

El lugar que yo ocupaba a la izquierda de Tardienta era frecuentado por la aviación facciosa que buscaba nuestra artillería y el día 21 la artillería enemiga disparó intensamente allí. Nosotros, tirados en el suelo contemplábamos la aviación y oíamos silbar las balas de los cañones que explotaban a poca distancia nuestra. Pasada la tormenta, a dos o tres metros de donde yo estaba, encontramos dos proyectiles, uno del calibre 7,5 y uno del 10,5, que afortunadamente para nosotros no explotaron. La Centuria había quedado deshecha y se reorganizó en una paridera cerca del canal; algunos habían ido a parar a Torralba; eran la mayoría y de allí los habían enviado a defender Tardienta, a otros les habían cogido el fusil las autoridades de Torralba y después los querían fusilar. El día (falta en el original) el “Mando” de Tardienta reclamó a nuestro Delegado Político, Des Nieves, portugués y activo militante de los sindicatos de U.G.T. de Sabadell y al Ayudante Técnico, camarada Omar. A Omar lo agregaron en Sarriá a nuestra Centuria. De carácter alegre y franco, dirigía con acierto nuestra instrucción. Era joven y de complexión robusta, tenía poses de torero - precisamente creo que era andaluz - lo cual nos hacía pensar que en el frente podía resultar un “fulero”. Habían ido a luchar a Mallorca él y su padre y sólo volvió con vida él. Pues bien: marcharon Omar y Des Nieves hacia el “Mando” con nuestra indiferencia, pues ignorábamos que ya no los veríamos más, por el contrario, de otra manera habríamos obrado. Mientras estábamos en la paridera una noche nos despertó un violento tiroteo. Un enlace nos comunicó que cogiésemos mantas y fuéramos a recoger heridos pues los guardias de asalto habían atacado sin resultado la ermita. Cogimos a muchos y, como aún no habían llegado las ambulancias, los transportábamos con gran dificultad, entre las quejas y blasfemias que con rabia lanzaban sus labios a su capitán, pues decían que los había traicionado y prometían que a la primera ocasión se vengarían.

Después de comer quince días seguidos carne rusa y pan para comer y cenar, y agua de castañas para almorzar, hasta el extremo de que todos teníamos dolor de vientre y cagábamos sangre; en la guerra la literatura es salvaje pues nos acostumbramos a decir las cosas claras, fuimos a una ermita que había estado ocupada por alemanes leales y que nosotros llamábamos “la ermita de los alemanes” y allí, en vista de que no sabíamos nada de los compañeros Des Nieves y Omar, y como sea que el compañero Lleixó, con todo y su buena voluntad, no se veía suficiente apto para continuar actuando de Delegado Político, presentó la dimisión y se propuso al camarada Saraín el cual inmediatamente hizo trámites para aclarar la extraña ausencia de los camaradas Omar y Des Nieves, a los que creíamos, por referencias, encarcelados. Estando aquí atacaron la ermita los alemanes y también fracasó el ataque y también fuimos a recoger heridos. Por las noches íbamos a unas colinas que estaban a 1400 metros de la ermita y las fortificábamos y la primera noche de ir allí para no perder la costumbre nos perdimos y fuimos a parar a las narices del enemigo. Después, una noche ya nos quedamos atrincherados y el enemigo al darse cuenta de nuestra presencia se vio obligado a hacer también nuevas fortificaciones.

Allí, cansados de no saber nada de los compañeros desaparecidos, nombramos una comisión, compuesta por los camaradas Saraín, Pisa, Sentín, Lleixó y Sandino, para investigar y en todo caso exigir al “Mando” que nos aclarara la cuestión y entonces nos enteramos de la triste realidad que nos causó gran indignación: por equivocación habían sido fusilados. Después de proferir todos palabras de odio y venganza sólo tuvimos un gesto de impotencia: enviamos una extensa carta pidiendo a las Juventudes Socialistas de Sabadell hicieran todos los trabajos necesarios para descifrar el enigma; era como una protesta que levantábamos contra los culpables y que tiempo después fue contestada dándonos cuenta de que había llegado a manos del ministro de Guerra, Largo Caballero, y como si nada; este doble crimen, como tantos otros, quedaron anónimos. Después nos enteramos de que un capitán de guardias de asalto que residía en Sabadell antes del movimiento - muy conocido por sus instintos represivos y que se vio obligado a ir al frente para evitar que se lo hicieran pagar caro - todos sentimos no conocer su nombre pues era precisamente el mismo que tantas veces había llevado a matar a los guardias - denunció el día de la retirada que los guardias se habían visto obligados a retirarse por falta de municiones, culpándonos a nosotros de haber dejado paso libre al enemigo, cuando por el contrario fue al revés ya que él hizo retirar a los guardias sin ofrecer resistencia y obligó entonces, para justificarse, a tirar las municiones a los guardias de asalto. Con estas referencias el “Mando”, tan fascista como el mismo capitán, pues después descubrieron un complot y un servicio de espionaje, firmó sentencia de muerte contra el mando de la Centuria 4ª y solo se salvó el capitán Pueyo que estaba en Barcelona, herido en la pierna. El día 26 algunos compañeros de la Centuria Matteoti que acababan de llegar al frente fueron designados por Trueba y otras autoridades para fusilar a cuatro o cinco condenados. Sólo fusilaron a dos y fueron precisamente Des Nieves y Omar, seguramente porque eran buenos revolucionarios. Me cuenta Salvans, que fue uno de los que tomó parte en el fusilamiento, que Omar estaba muy sereno y tenía una expresión noble y decía “No disparéis hermanos que soy inocente”. Des Nieves hacía esfuerzos para mantenerse sereno. A la voz de fuego, Omar levantó el puño y así segaron la vida de dos hombres jóvenes y revolucionarios que podían haber dado gran rendimiento, en la lucha primero y en el trabajo después. El camarada Salvans me ha confesado que siente remordimientos por haber tomado parte inconscientemente en aquel crimen. Quizás algún día se arrepentirán de su obra los verdaderos culpables. Este capitán hoy es comandante.


Día 10, sábado

Después de comer, como hace un día claro, he podido observar, por encima del coto de Assuera, Zaragoza y más cerca, por el llano de la derecha, la iglesia y los tejados de Perdiguera, pueblo que está en poder de los rebeldes. He visto Zaragoza partida por la mitad por una montaña que interceptaba mi vista; he visto las casas y diferentes torres, destacándose entre ellas la silueta de la “Pilarica” y a la derecha una gran fábrica con una colosal chimenea que por el humo que salía he deducido que trabajaban. Cuanto más fijamente contemplaba Zaragoza más clara la veía y, en cambio, me parecía que se iba alejando del alcance de los antifascistas. En todos los frentes hay actividad; en Guadalajara, el ejército italiano que luchó con los fascistas fue destrozado por las armas leales y en cambio nosotros, los milicianos del frente aragonés, no luchamos y en cambio hemos venido a luchar. Nos alistamos voluntarios convencidos de que íbamos a luchar día y noche y resulta que contra nuestra voluntad nos tienen inactivos. Ya estamos cansados de leer en la prensa la cínica pregunta ¿Qué hacen los milicianos del frente aragonés que no atacan? Eso es una ofensa que nos hacen ¡Qué poco saben los que hacen esta pregunta lo que pasa en el frente aragonés¡ ¿Qué culpa tenemos nosotros de que nos tengan completamente olvidados padeciendo hambre y toda clase de calamidades? ¿Qué culpa tenemos nosotros de que el “Mando” sea fascista y que mientras deseamos asaltar Zaragoza nos vendan a cada paso y nos lleven a morir? Mi división, Carlos Marx, en Robres tiene un polvorín lleno de armas y municiones modernas y en cambio nuestros fusiles parecen escobas y las municiones que vienen de Cataluña, y que son cápsulas recargadas, el 75% son malas. Cuando menciono al “Mando” me refiero al de la División Carlos Marx, que está lleno de fascistas emboscados. Un ejemplo de lo que digo es un individuo muy popular, que se hace llamar “Pancho Villa”, alto como un San Pau y con pose de perdonavidas, cara de fanfarrón y tipo de matón, que dicen que es muy valiente, que va de permiso a Barcelona cargado de galones y correas con municiones y fusil-ametrallador; era guardia de asalto y me cuenta el compañero Cabrera que en cierta ocasión, en la carretera de Tardienta a la ermita, estaba Pancho Villa hablando con dos chicos y otros guardias y decía a los primero - ¿Recordáis aquel día que vino a vuestro pueblo una camioneta de guardias y apaleó a los trabajadores? Pues yo estaba entre ellos y recuerdo haberos apaleado a vosotros. - Y reía con cinismo mientras los dos chicos sonreían para disimular el odio que reflejaban sus ojos. Este desgraciado es el ayudante del comandante de nuestro Batallón. Poca confianza me inspiran estos autómatas al servicio del capitalismo, antes dedicados a perseguir al trabajador y que hoy luchan a nuestro lado porque no pueden luchar al servicio del fascismo, al cual servirían mejor y la mayoría son tan fascistas como los que tenemos delante de las trincheras.

Todos los ataques que hemos hecho a la ermita los hemos perdido por culpa del “Mando”. En Huesca, el coronel Villalba hizo retirar nuestras fuerzas cuando ya luchaban por las calles y en la retirada cayeron muchos milicianos, todo porque su hijo luchaba con los fascistas y se enteró de que estaba defendiendo Huesca. Todos sabíamos que era fascista y en cambio lo trasladaron a Málaga a dirigir la marcha de las operaciones y poco tiempo después los fascistas tomaban Málaga y hoy he leído en el “Treball” que Villalba veinticuatro horas antes de la retirada había huido; no dicen donde ha huido pero supongo que ya debe estar en el campo rebelde. En la posición que habíamos ocupado últimamente cerca de la del “Negus”, en la Sierra de Alcubierre, los fascistas estaban completamente rodeados y antes de ayer se pasaron dos del campo fascista y sirvieron de guías para tomarles la principal colina por sorpresa. Pero, para no perder la costumbre, ayer se perdió aquella importante posición que dominaba mucho llano enemigo por culpa del “Mando”. Los fascistas iniciaron un fuerte contraataque de artillería y aviación y nuestras fuerzas, sin la ayuda de nuestra artillería y aviación que aquí nunca actúan cuando es necesario, se vieron obligadas a abandonar la posición. El “Mando” predica disciplina y buena falta les hace a los que lo componen; así mismo sacan a la Compañía Cataluña que estaba delante nuestro sin comunicárnoslo y la Compañía de fortificación que estaba mucho más adelante y se han encontrado solos con cuatro o cinco fusiles y se han visto acosados por la Caballería fascista. El “Mando” es peor que un prostíbulo, pues no les faltan a estos responsables ni mujeres para “castigar”.

El “Mando” nos da órdenes de volver a la paridera y nos negamos a cumplirlas. Nuestro Comisario de Guerra camarada Gómez responde al “Mando” que no nos moveremos de la posición que ocupamos si no es para atacar.




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